Autónomo: ¿debes cambiar de gestoría?

Para un autónomo, una gestoría es como una salvación a la hora de llevar a cabo ciertos procesos, como las gestiones con Hacienda, con la Seguridad Social y, en general, con la Administración. Parece tan fácil como buscar en Google “gestoría autónomos”, escoger entre los múltiples resultados, hacer una entrevista con la escogida gestoría y, si todo sale bien, empezar una fructuosa relación profesional.

Pero hay veces en los que debemos poner fin a esta relación, ya sea porque la gestoría empieza a cometer errores o porque nuestro acuerdo parece empezar a no llegar a ningún lado.

Los errores más habituales de una gestoría

Hay veces en las que una gestoría necesita tener más clientes de los que realmente puede llevar de forma eficiente con tal de conseguir una fuerte reducción de precios. Y cuando hay demasiado trabajo sobre la mesa como consecuencia de una cartera demasiado amplia de clientes, la atención a los mismos pierde calidad. Se pasa la contabilidad con urgencia, se cumplen los plazos al límite y el trabajo deja de estar personalizado.

Lamentablemente, otro error común, que es imperdonable, es presentar impuestos fuera de plazo.

Cuándo deberías cambiar de gestoría

Como ocurre con cualquier otro servicio, debes cambiar cuando sientas que no te escuchan o que no estás bien atendido. Si nunca te cogen el teléfono cuando llamas, o no te devuelven la llamada en un plazo de 24h, la situación ya puede considerarse como una en la que no estás bien atendido.

Además, si sólo te llaman una vez al trimestre para pedirte la documentación contable, puede significar que no llevan un seguimiento de tu actividad, están cumpliendo con las obligaciones mínimas y, probablemente, no te ayudarán a mejorar y crecer.

Una buena relación entre asesor y cliente, en realidad, debe ser constante.

Uno de los problemas puede ser que las empresas se hayan acostumbrado a cumplir, como decimos, con las obligaciones mínimas, y se hayan olvidado de que deberían establecer una buena relación con sus clientes, personalizada, que les ayude a que su empresa siga creciendo. Por ejemplo, alertarles cuando cambie una ley que pueda perjudicar sus negocios, o hacerle saber sobre nuevos tipos de subvenciones a las que pueden optar.

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